Las tormentas no distinguen, y el gobierno tampoco

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Por Jaume Osante.

Cuando un fenómeno natural como la tormenta tropical Barry golpea, no pregunta clases sociales, credos ni colores partidistas. Simplemente azota. Y cuando eso sucede, lo único que realmente importa es la respuesta de quienes están al frente de la administración pública. En este caso, el gobierno de Tampico ha mostrado una capacidad de reacción que, aunque perfectible, evidencia coordinación, voluntad y empatía.

 

La atención brindada en el sector Moscú, colonia Vicente Guerrero, no es solo una lista de acciones (refugio, alimentos, limpieza, atención médica, bombas hidráulicas). Es, o debería ser, un mensaje contundente de lo que debe representar un gobierno: cercanía con la gente, eficiencia en la emergencia y, sobre todo, continuidad en la reconstrucción.

 

Mónica Villarreal Anaya ha sabido asumir un liderazgo visible. Pero no está sola. La suma de voluntades entre la SEDENA, SEMAR, Salud, CONAGUA y otras instancias, revela algo que muchos ciudadanos aún dudaban: que sí es posible trabajar en conjunto entre los distintos niveles de gobierno, sin protagonismos ni burocracia.

 

Sin embargo, aquí va el apunte que no puede faltar: la emergencia pasará, pero los rezagos no. Porque más allá del evento climático, hay una realidad que necesita solución a largo plazo.

 

Celebrar el saldo blanco es válido, pero no debe ser la meta final. Lo verdaderamente transformador será que lo vivido en el sector Moscú deje los simientos para responder a una próxima contingencia.

 

Excelente labor.